lunes, 12 de enero de 2009

No es país para viejos (que trata sobre la vejez, doblemente)

Hace días que tengo esta entrada aparcada, de hecho desde probablemente finales del año pasado y los primeros del que acabamos de empezar. Ha sido algo absolutamente involuntario, porque a raíz de los acontecimientos que hoy anotaré parece algo buscado y no es así. La cosa es simple: se ha precipitado todo de forma que ha superado todas las previsiones muy ampliamente.

He dicho muchas veces que el mundo está confeccionado al revés: los mejores años de nuestra vida transcurren, durante la mayor parte del tiempo, haciendo cosas que no queremos hacer. Bien sea en la escuela - en la que la mayoría no quiere estar - o bien sea, mayormente, trabajando en algo en lo que no te gusta o sencillamente trabajando, en general, cuando seguramente dedicaríamos nuestro tiempo en tareas mucho más ociosas. Así se desarrollan una gran cantidad de años en los que, a pesar de nuestras "obligaciones", hemos sabido encontrar tiempo para hacer cosas que también nos apetecen hacer. Es la gran capacidad de adaptación que ha hecho del hombre la especie dominante en nuestro planeta.

Decía que está hecho al revés porque esos años, indiscutiblemente los mejores a nivel físico (por lo general estamos más sanos, más fuertes, más vitales, más guapos), los "malgastamos". En cambio, cuando ya estamos quemados tras 60 años de hacer cosas que no hubiésemos deseado hacer, llega nuestra jubilación y nuestro merecido "descanso". Descansamos, buena es la palabra, porque estamos cansados.

Ya que de momento parece imposible evitar esta fuente de males que se denomina "trabajo", algo irreal que se ha inventado el hombre, pienso que sería mejor que la vida biológica estuviera organizada al revés. Es decir, que el hombre en lugar de ir de más a menos y acabar siendo testigo de su propia decrepitación, fuera de menos a más y, llegado el momento de su jubilación, le quedaran por delante los mejores años de su vida.

La razón por la que expongo todo esto es sencilla: en mi vida, dado que mi madre murió relativamente "joven", solamente he podido observar el proceso de "cuesta abajo" en mi abuela. La gente de su generación, que pasaron mucho tiempo de su vida preocupados solamente por ver qué comerían al día siguiente, sí supieron ser felices. Por eso muchos abuelos viven tanto. Y tan bien. Mi abuela, a pesar de ser bastante rolera, también vio como los años pasaban para ella. A los 86 se semotió incluso a una operación de cadera de la que se recuperó sin problemas. Pero, poco a poco y aunque su físico aguantaba muy bien (autónoma durante toda su vida, viviendo sola en un segundo piso sin ascensor con unas escaleras inverosímiles) su mente sufría un lento proceso degenerativo clásico de la gente mayor; al principio era casi gracioso: repetía muchas cosas, tenía algún lapso de memoria ("me dijiste que vendrías el jueves o el viernes?") pero nada importante. Recientemente, pero, ya fue más grave a partir de la desaparición de mi madre, un golpe del que difícilmente se recupera la gente a su edad. No reconocer su propia casa, no recordar dónde estuvo ayer, etc. Conmigo ningún problema, pero con otras personas también tuvo algunas dudas y sucedieron ciertos episodios que no merecen recordarse.

El día de año nuevo llegó un punto en el que era insostenible y, contrariamente a su voluntad de toda la vida, tuvimos que internarla en la residencia de unos amigos; eso sucedió a raíz, creo, de cuando ella brevemente se dió cuenta de sus lagunas. Reflexionando al respecto, entendió que este bajón era debido al fallecimiento de su hija y acepto ir a un lugar donde la cuidaran (prohibida terminantemente la palabra residencia y aún más asilo!!) durante unos días. Este breve período de autoconcienciación sobre el estado actual es lo que más me fascinó.

No obstante, apenas una semana después de su internamiento y justo tres meses después de lo de mi madre, mi abuela murió de una embolia. No perdonó su último desayuno, Dios la libre de cometer semejante atrocidad porque menuda era ella para las comidas, y falleció a eso de las 11 de la mañana. 91 años, tras pasar sola casi 20 años después de que su marido - mi abuelo - falleciera víctima de un cáncer. Es decir, que después de toda su vida trabajando, poco tiempo después se queda viuda y debe pasar el resto de sus días sin poder disfrutar de ese "descanso" merecido en compañía de quién había estado con ella toda la vida. Eso no es justo. Y, por esa razón, argumento que el mundo está hecho al revés.

Como los pensamientos que quiero dedicarle mi abuela Palmira merecen ser recogidos en una entrada aparte que publicaré mañana, quiero cerrar el tema que quería tratar aquí, los motivos por los que me parece que vivimos en una realidad tremendamente injusta. No la veré cambiar, no me cabe duda, pero el recurso de la pataleta no me lo quita nadie.

6 comentarios:

opiparopepino dijo...

Cuanto tenia unos 11 años mis padres, mi hermana y yo vinimos a vivir a casa de mis abuelos paternos porque comenzaban a estar viejos y mis padres pensaron que era una buena idea pasar con ellos el tiempo. Mi abuelo murió nueve meses después, con setentaypico años (no recuerdo la cifra exacta). Habia estado en la guerra civil, lo hirieron con un mortero, pilló tuberculosis, y aunque pasó todo eso, de mayor desarrolló una artrosis y todo eso pesaba mucho con la edad.

Mi abuela, por el contrario, vivió hasta hace unos 3 años. En sus últimos años sufria alceimer, y muchas noches (cuando digo muchas era dos de cada tres) tenia que levantarme a ver que le pasaba, porque se ponia a gritar. Obviamente no le pasaba nada, simplemente no nos reconocia ni a nosotros ni la casa en la que vivimos... Y así estuvo durante meses y meses.

Con eso quiero decir que si tu abuela, con noveintaypico años, estaba físicamente bien y aun podia tener momentos de claridad mental suficiente como para entender su situación se podia considerar casi afortunada.

Motenai dijo...

No te quepa duda, lo afortunada que fue y que fuimos todos, en general. Pero en cualquier caso, la vejez es una mierda. Y el alzeimer, lo peor.

Anónimo dijo...

A veces la vida es injusta, yo perdí a mi padre cuando yo solamente tenia 10 años y el 35, pienso que si existe Dios a veces se olvida de nosotros.

Sldos. Jordi.

Motenai dijo...

Joder, 35 años. Qué putada.

Anónimo dijo...

Pues si, ya no me da pena por mi (lo tengo superado) sino porque mi padre tenia un muy buen trabajo y una vida sensacional por delante y de pronto se te cruza una enfermedad y todo acaba.

Sergi, siento lo de tu abuela.

Sldos. Jordi.

Motenai dijo...

Merci tio. 35 años es una putada gordísima y pormucho que ya lo hayas superado, que te quedes sin padre a los 10 años es una jugada de pelotas...