miércoles, 7 de enero de 2009

Los Tres Reyes Majos (que trata sobre el día de ayer y los niños)

Tengo una entrada pendiente de publicación que habla sobre la vejez, rescatando el tema que dejé aparcado el lunes. Pero no considero lícito que, siendo ayer el día de los niños, publique hoy un texto sobre la coyuntura del ser anciano hoy día. Consideraré este tema para mañana, pues.

Ayer era 6 de Enero y, según la tradición católica, el día de la Epifanía del Señor; eso significa que, en pocas palabras, es el día en el que la divinidad de Jesús se da a conocer a todos los pueblos que posteriormente abrazarían el cristianismo.

Dicen que, sin embargo, no fueron ni tres, ni eran reyes ni desde luego eran magos los personajes que acudieron a saludar al recién nacido. Tal vez fueron más, tal vez fueron sacerdotes y filósofos y quizá eran tan mundanos como cualquier hijo de vecino. Pero es innegable que la simbología que arrastran trasciende mucho más allá de mitos y leyendas hasta la realidad de hoy día, más de 2000 años después, como atestiguan millones de testimonios en todas las casas de medio mundo.

Hay algunas religiones de corte actual que no creen en esto de los reyes magos por cuestiones que no vienen al caso. Pero incluso los acólitos de estos movimientos raramente pueden resistirse a las miradas absortas de sorpresa, de fascinación, de emociones incontenibles con las que los más pequeños de la casa observan las carrozas en las que Melchor, Gaspar y Baltasar reparten caramelos a su paso. Algunos argumentarán que es por puro interés: los niños saben que al día siguiente hay juguetes nuevos y por eso están muy alegres, pero esa es una visión muy limitada de la totalidad.

Cuando los niños escriben la carta a los reyes, verdaderamente hacen propósito de enmienda. Es la única vez probablemente en toda la vida en la que este propósito es real. Ni gimnasios ni operaciones bikini: lo de los niños sí va en serio. Y cuando llegan los reyes, las caras de los enanos no tienen equiparación ninguna con cualquiera de los sentimientos que experimentarán la mayoría de los mayores en toda su vida. Tal vez sí que haya algo de magia en los tres reyes magos después de todo. Las expresiones de sus rostros tienen un efecto lifting para quienes las observan, un efecto rejuvenecedor que no se equipara ni con los más caros productos químicos del mercado; es como si te transportaran en el tiempo, muchos años atrás, antes de perder el más preciado de los dones: la inocencia. El gozo que se les observa no les cabe en sus pequeñísimos cuerpos y cuando rozan las edades de los 3, 4 ó 5 años es simplemente espectacular comprobar como observan el desfile de la noche del 5 de enero y se giran hacia tí intentando en vano compartir unos sentimientos que todavía no han aprendido a expresar. Sencillamente les desborda.

Durante el lunes por la noche y ayer durante buena parte del día pude asistir en primera persona a una de estas sesiones de rejuvenecimiento. Esto sí que llena de orgullo y honda satisfacción y no el discurso de Juan Carlos.

Llegó hasta tal punto la regresión a mi niñez que durante un buen rato, durante la noche del lunes y parte del martes, volví a sentir la emoción de los paquetes, del papel de regalo y de no saber ni qué cara poner mientras se abrían. Porque en realidad lo que hay dentro es lo menos importante (aunque mole :-) ).

6 comentarios:

opiparopepino dijo...

Cuando era un crio vivia con mi hermana y mis padres en un piso. Recuerdo que la noche de reyes dejabamos una zapatilla al lado de la puerta de la terraza, y mientras dormiamos, los reyes venian y dejaban sus regalos al lado de la zapatilla correspondiente. Me despertaba por las mañanas a horas intempestivas para ver que me habian traido, temblando de nervios, y despertaba con mis berridos de alegria a mis pobres padres que habian tenido que esperar hasta las tantas para poder irse a dormir, después de colocar los regalos (aunque claro, yo eso no lo sabia).
Ese era el dia mas feliz del año, incluso mas que el cumpleaños, porque no se trataba de los regalos, se trataba, como dices, de la magia que rodeaba todo ese dia.

Tengo que reconocer que echo un poco de menos esa época xD.

Anónimo dijo...

Creo que todos echamos de menos esos años pero ahora nos toca hacer disfrutar a los pequeños que tenemos alrededor para que cuando sean mayores sean igual de felices que somos nosotros, lo que si me da pena es el sentido comercial que se le da hoy en dia a estas fiestas, pero bueno, es nuestro sistema consumista.

Sldos. Jordi.

Vander dijo...

Mi padre, como curraba de noche, todos los años venía de currar a las 8 y era cuando nos despertaban para ver los regalos que había colocado mi madre por la noche.

Vamos, que después de currar toda la noche, se tenía que quedar gilipolleando con nosotros hasta las mil XDDD

Este año teníamos la cosa del niño, que con 2 añitos todavía no se entera de las cosas... pero ... baaaahh... no es lo mismo que cuando era yo el niño. (Bueno, comparado con algunos sí soy un niño xDDDDD)


PD: Mote, todavía no me ha llegado el correo con el teléfono y las fotos... ejem...

Motenai dijo...

Raro, porque las he enviado ya un montón de veces. Ve comprobando el correo esta tarde, a ver si te entran...

No pienses que te estoy dando largas y que en realidad no te las he mandado, eh? Yo no soy así.

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Efectivamente, se le da un sentido comercial a las fiestas. Pero coñe, eso es a los padres, no a los niños. Los niños no entienden nada de esto - ni falta que hace - con lo que sus sentimientos son puros :-)

Anabel dijo...

¿qué lo de los niños son propósitos en serio???ja!

- Me voy a portar bien con mis hermanitos pequeños
- Voy a comerme toda la verdura que me ponga mi madre
- Voy a sacar un 10 en todas las asignaturas

...perdona...esos pequeños son capaces de vender a su abuela por que los reyes les traigan la Bici!

Vander dijo...

Pues yo nunca he sido como dice Anabel. Yo siempre legal.