domingo, 27 de mayo de 2007

Valiente de corazón (que trata sobre la mayor valentía de todas)

La forma en la que la personalidad de cada uno se compone a partir de las experiencias, las enseñanzas y la propia genética es algo que siempre me ha entusiasmado. Me encanta la psicología pero no desde un punto de vista clínico o médico, sino porque me gusta saber cómo funcionan las personas. Especialmente las personas que me gustan. Me gustan muy pocas. Conozco a muy pocas. Y como diría Bilbo, conozco a la mitad de ellas la mitad de lo que debería y de esa mitad la mitad de lo que merecen.

Puede que hable en plural ahora, pero en realidad no me gustaría dar una sensación de que son docenas o centenares cuando digo que las conozco tímidas, listas, inteligentes o no tanto, fuertes y débiles, dóciles o inexpugnables. Bueno, en realidad de estas últimas no conozco a ninguna; no hay ninguna persona inexpugnable si le dedicas suficiente coraje y paciencia. Y casi seguro que vale la pena.

Pero de todos esos atributos, tan importantes muchos de ellos, el que más aprecio es la valentía. No la valentía en el sentido temerario, o la valentía en el sentido aventurero o irracional. La muestra mayor de valentía según mi parecer está en el corazón de cada uno. Bajo mi punto de vista, abrir tu corazón y mostrarlo a alguien es tal vez la empresa más valiente que puede emprender un hombre o una mujer. Abandonar la realtiva seguridad del caparazón propio para exponer el blando vientre exige algo que muchos considerarían una temeridad. Y para mí es irresistible.

El valor es algo de lo que muchos hacen bandera en su vida y con motivo: son personas que se juegan la vida por proteger algo, son personas que sacrifican (o invierten) los mejores años de su vida persiguiendo un objetivo de futuro (múltiples carreras, una oposición, etc.), personas que consiguen criar a sus hijos independientemente de lo que pasa ahí afuera. Distintas clases de valor, importantes todas ellas: de ninguna de ellas estoy hablando. Porque puedes ser más o menos reservado, contar más o menos cosas que te suceden en el día a día, y nada de ello tendrá que ver con lo que estoy hablando. Quiero dar énfasis a la auténtica valentía de corazón.

He procurado siempre ir con la verdad por delante con todas las personas con las que me he relacionado, sean hombres o mujeres. Con los hombres no suele ser necesario, porque entre los hombres hablamos menos. Con las mujeres suele ser peligroso, porque "aclarar" tus sentimientos con una puede tener un efecto contrario si no se hace con un control de los tiempos perfecto, algo que ni yo ni la mayoría disponemos. Y hacerlo aún conociendo bien ese problema, otorga más puntos de valentía. Te deja al descubierto, pero no sé hacerlo de otra manera. Sufrir es parte de la vida, sufrir por eso te agota pero demuestra que estás muy vivo.

Pero ahí es donde entra la segunda fase del coraje: la perseverancia. No basta con abrirte, aunque solo sea por un momento: hay que luchar por lo que se quiere. Porque si algo puedo demostrar en mi vida es que quien la sigue la consigue. Hay que tener valor para hablar claro, hay que tener valor para luchar por lo que se quiere. Porque nunca es tarde, porque siempre se está a tiempo y porque si se quiere, se obtiene el objetivo. Seguro. Porque el corazón es frágil pero a la vez es lo más fuerte que existe.

Siempre que puedas, sé valiente de corazón. En ambos sentidos. Atrévete a sentir, atrévete a decirlo y atrévete a pelear por ello. Yo siempre lo he hecho y siempre lo haré. Ese es mi compromiso.

9 comentarios:

Marta dijo...

No pretendo deconstruir tu entrada, se trata de una opinión personal que nada ni nadie te va a hacer cambiar, pero a pesar de los matices, yo no estoy de acuerdo en la afirmación acerca de tu lucha y valentía. Y además, todo ello, la entrada en si me parece demasiado teórica, muy poco realista.

Pero es sólo mi opinión, y, quién soy yo al fin y al cabo?

Motenai dijo...

Alguien importante, no cabe duda.

Pero bueno, es tu opinión sobre mi opinión. Aunque no estoy de acuerdo con lo que dices (creo saber más de mí mismo que nadie, pero bueno), lo respeto.

Por lo pronto, y por lo menos con tus opiniones, yo te otorgaré el beneficio de la duda. Como mínimo.

Marta dijo...

Una vez más la perspectiva toma su protagonismo en esta historia.

Aunque también creo que hay que tener en cuenta no sólo lo que uno hace o cree, sino lo que transmite y es lo que llega a los demás.

Motenai dijo...

Sí, pero conste que como siempre he dicho, yo escribo para mí y no para los demás. Si alguien me quiere leer, bienvenido, pero no escribo para nadie en concreto.

Y me remito al comentario de mi otra entrada: yo no pretendo saber más de alguien que ese alguien de sí mismo. A mi si alguien me dice X me lo suelo creer, porque no soy tan capaz como para saberlo todo de todos. Pero claro, tampoco soy el más capaz del mundo :-)

Pon en duda aquí y en cualquier parte todo lo que yo digo (incluso sobre mí), pero el hecho de que lo dudes no quita que sea verdad :-)

Marta dijo...

Ok, pá ti la perra chica

Marta dijo...

o es la perra gorda?...

Motenai dijo...

Qué más da? Puestos a dar la razón como a los tontos, tanto dará una que otra :-)

Marta dijo...

Quieres las dos pues?

Motenai dijo...

Ni una ni la otra. Son tuyas, quédatelas.