viernes, 25 de mayo de 2007

El oso blanco (que trata sobre pensamientos involuntarios y otros juegos mentales)

Como suele pasar, no fue hasta que no salió por televisión cuando la gente empezó a conocer la historia. En este caso, a mí me fue contada cuando tenía 16 años en clase de filosofía y es tan real como fácilmente comprobable empíricamente:

Estaba Tolstoy con su hermano mayor cuando éste le dijo que para entrar en su club exclusivo recién fundado (cuentan) le dijo: "quédate en el rincón hasta que dejes de pensar en un oso blanco". Aunque la orden parecía relativamente sencilla de obedecer, el joven Tolstoy pasó horas sin poder evitar imaginarse contínuamente osos blancos. Eso demuestra que cuanto más queremos intentar alejar un pensamiento, más difícil nos resulta.

Este tipo de triquiñuelas mentales me encantan. Sucede lo mismo con aquellos movimientos involuntarios que suceden generalmente en la fase más temprana del sueño, los "espasmos mioclónicos". El cerebro trata de distinguir entre la muerte física y el sueño (disminuyen las pulsaciones, el ritmo respiratorio baja, etc.) y envía una sacudida tipo eléctrica para asegurarse de que, en realidad, su cuerpo no se le muere :-) Qué bueno.

Otra jugarreta sucia es el Déjà Vú, aquella terrible sensación de que una situación en aparente nueva para nosotros ya la hemos experimentado anteriormente. Existen numerosas teorías al respecto desde la más científica a la más teológica (e histriónica, muchas veces), pero yo soy de la creencia de que no es que sea un error de Matrix, sino que simplemente el cerebro se equivoca al guardar ese acontecimiento en el apartado "presente" y lo mete directamente en el cajón de "pasado", con lo cual nos da la impresión de que hemos vivido lo que no hemos vivido.

Son todas ellas experiencias apasionantes. Por lo pronto, un calambre acaba de impedir que duerma la siesta tras dos horas intentando evitar pensar en esta entrada; y conste que, al momento de postearla, sé que ya la había publicado en otro momento. Qué cosas, no?

A veces me siento como Tolstoi y su oso blanco, tal vez con la diferencia de que no puedo pero tampoco quiero dejar de pensar en él. Es mi oso, qué coño.

9 comentarios:

Gemma dijo...

Si n'arribeu a ser d'irracionals, vosaltres, els mortals... A mí, que soy ultradisciplinada, si me dicen que deje de pensar en el puto oso, dejo.

No creo que sea un fallo del cerebro, es rebeldía del mismo. Lo tienes muy malcriado.

Marta dijo...

Yo tengo una infinidad de osos blancos, pero me gustan, son míos y me siento cómoda con ellos.

Motenai dijo...

No se pueden tener una infinidad de osos, eso les quita importancia a cada uno de ellos.

Un oso es demasiado importante como para tener 50. Creo yo, vamos.

Marta dijo...

Son mis osos blancos? Pues tengo los que quiero y soy yo quien les atribuye la importancia que tienen cada uno de ellos.

Es lo que tiene tener una mente obsesiva...

Motenai dijo...

Sí sí, desde luego. Son tus osos, no cabe duda. Pero yo lo veo como atender 73 conversaciones de teléfono simultáneamente. Igual es posible estar con todas por igual, sí, pero a mi no me gustaría ser uno de esos 73. No sé si me explico.

Pero bueno, YO no quiero pretender saber más de ti que tú misma. Si tú dices que puedes, si tú dices que quieres, pues será verdad :-)

Marta dijo...

Bueno, teniendo en cuenta que atiendo 3 gtalks, 4 skypes y una llamada de teléfono al mismo tiempo, igual sí que puedo tener muchos osos, no? :-)

Si además de capaz tuviera el cuerpo de Kylie sería perfecta, no?

Motenai dijo...

Pues aleluya, eres mucho más capaz que yo.

Verás, me gustaría aclarar algo once and for all. Como bien dices en muchas otras ocasiones, a menudo no es tanto lo que es sino lo que se transmite. Los hechos ante las palabras.

Una analogía:

Se puede tener el mejor chupa-chups del mundo, el más bueno. Sin embargo, si nadie muestra interés por él, no importa mucho lo bueno que esté porque siempre lo harán sentir mal. Un chupa-chups que nadie quiere no sirve para nada.

Al contrario, puede que no tengas el chupa-chups más bueno del mundo, pero si la gente muestra interés por él, te hará sentir bien. Un chupa-chups deseado sirve para mucho.

Trasladado al caso, creo que siempre he demostrado tener interés por el chupa-chups, independientemente de los cambios que ha sufrido a lo largo de su existencia. Y lo he demostrado con creces, no solo de palabra y de "teoría". Eso es para mi la mejor prueba, sin lugar a dudas, y que anula cualquier vacilación que pudiera haber al respecto.

Y ya puestos, bastante al contrario de lo que ha sucedido históricamente conmigo tropecientas veces, para decir la más correcta de las verdades que no creo que nadie se atreva a discutirme. Por ello tu comentario sobre la Sra. Minogue me sorprende, no creo que pueda haber queja de mi también en ese aspecto. Porque cambio todas las palabras bonitas y toda la teoría por un simple hecho ayer, hoy y siempre.

Es decir, no, no necesitas el cuerpo de Kylie para ser perfecta. Por lo menos no para mi. Pero el hecho de que lo tuvieras o no tampoco te convertiría en tal.

Pero claro, admito que son puntos de vista distintos. Cada uno puede verlos como le salga de los cojones o, en su defecto, de donde pueda / quiera.

Y esta es mi palabra. Y como tal, tiene que ser respetada por todos.

Marta dijo...

Amén? Sí?

Motenai dijo...

Dije "respetada", no aceptada. No es lo mismo. Y está claro que el término suena raro.

Pero si esa es tu respuesta, pues amén.