miércoles, 9 de mayo de 2007

Un poco francés (que trata sobre nosotros y nuestros vecinos)

¿Hablar de política es ser políticamente incorrecto? Bueno, da igual.

Siempre me han dado por culo los franceses. Hablan raro, no nos pueden ni ver, te ponen cincuenta mil accesorios en cada comida con tropecientas salsas, nos tiran los camiones de fruta en La Jonquera y siempre pasan de cuartos de final en los mundiales. Ni tan siquiera las francesas se salvan (con alguna que otra honrosa excepción *cof*Laetitia Casta*cof*).

Sin embargo, creo que intelectualmente y como conjunto nos pasan la mano por la cara. Son un país mucho más maduro culturalmente que el nuestro y con diferencia. No olvidemos que la Fancia la hacen los franceses y viendo las expresiones populares de los últimos años nos damos cuenta del abismo que nos separa. La última ha sido en las elecciones del pasado fin de semana, con una tasa de participación de más del 85%, y eso que el sistema de más de una ronda no favorece el que la gente vaya a votar, pues si ya da palo una vez aquí hay que ir dos. Y un 85% implica que muchos de aquellos que en la primera vuelta no votaron a ninguno de los dos candidatos que pasan a la segunda ronda, se movilizaron igualmente para elegir entre uno de los restantes, cuando aquí se pensaría "buah, yo paso de ir". Está claro que los franceses tienen más claro que la democracia es no tan sólo un derecho sino un deber el ejercerla. Eso me jode.

Laetitia, la gran excepción francesa

La otra vez que me causó admiración fue la movilización del país en protesta por la dificultad que tienen los jóvenes para encontrar trabajo. El país en masa salió a la calle, con gente de todos los colores y etnias por igual (otra GRAN diferencia con España-coñooo-), tanto jóvenes como mayores. Simultáneamente, en este nuestro país, la gente ocupaba las plazas y las vías reclamando otro derecho fundamental: el del botellón. Si yo bebiera, o si realmente me importara un comino el hecho de poder o no beber en la calle, no me hubiera manifestado por vergüenza. Vergüenza porque se demostró muy claramente en qué lugar situamos las prioridades de nuestra gente (¿qué coño importa si no encuentro trabajo fijo y decente mientras pueda beber mi cubalitro el viernes por la noche en la calle?) y damos razones a los que todavía piensan que la Europa "normal" acaba en los Pirineos y que más abajo no hay nada excepto folklore.

Es en estos momentos cuando, al ser español pero viviendo en Catalunya, deseo fervientemente que el Timbaler del Bruc aquel día en lugar de tocar el tambor podría haberse tocado los cojones.

1 comentario:

Marta dijo...

Doncs què vols que et digui? Yo le doy las gracias a ese personaje de Santpedor, familia de la mujer de Jordi Andreu, porque o si no tendría que llamarme Michelle o algo por el estilo, no podría decir coño ni rayos y centellas y, para colmo, pesaría 3 veces más que ahora por pasarme el día comiendo foie y quesos.

Eso sí, somos un país de panderetas. És cert.