jueves, 12 de julio de 2007

Grita - Invasión! - y suelta a los perros de la guerra (que trata sobre una reflexión breve sobre la vida y el trabajo)

Sacrifice:

At what price glory? By sanctifying his weapon with some of his own blood, a Paladin of Zakarum is able to increase his efficiency in combat by forfeiting a portion of his own physical essence. This sacrifice is a symbol of faith that even the lowliest Paladin must submit before the Light, in order that he may prove himself worthy of victory.

Effect: Increased damage at the cost of health.

Hace poco, mi hermano pR0 llenaba una página en su blog con un título similar que me encantó. No es devastación la palabra justa que yo busco, así que la cambié por otra que creo que pega más.

Como siempre desde el primer momento que creé este blog, versión 2.0, he intentado mantenerme firme en la idea de escribir exactamente lo que creyera conveniente, sin importarme que el contenido pudiera ofender a un posible lector. Al contrario que otros, este blog se escribe de puertas hacia adentro; y por eso, a modo de "disclaimer", ya aviso que lo que en él está escrito puede resultar indigesto para el que entre. La solución, y ojalá fuera todo tan fácil en esta vida, consiste en pulsar la cruz de arriba a la derecha (arriba a la izquierda en Mac). Y como siempre, entre todas las paridas que digo y entradas raras que escribo, hablo de pensamientos que rondan mi mente al momento.

Hoy, pues, toca hablar del efecto que puede tener el trabajo en nuestras vidas. Para eso he escogido una frase sacada de (cómo no! mi vida no es un juego, es un videojuego!) una habilidad de los paladines de Diablo 2.

En una de las últimas comidas con Gemma, una de las mejores rutinas que he conseguido instaurar en los últimos tiempos y que, a la vez, nunca es una rutina, hablábamos precisamente de esto: de cómo las circunstancias laborales invaden nuestra vida privada, las formas en las que lo hace y de qué hacer para evitarlo (si se puede); sobra decir que la coyuntura de ambos es distinta, pero en ocasiones todos nos llevamos pensamientos del curro en el autobús de vuelta al hogar. Cualquier autónomo o cualquiera que tiene una empresa sabe positivamente lo que significa llevarse el trabajo a casa, aunque en realidad no estés trabajando en casa. Simplemente se genera una situación muy difícil de disociar que genera altibajos mentales en todas las personas (y conozco hoy muchos más autónomos y empresarios pequeños de los que probablemente conocerán todos los que leen este blog a lo largo de sus vidas).

Ante esta circunstancia, fuí aconsejado hace muchos años por mi padre que intentara por todos los medios dedicarle el mayor número de horas al trabajo pero que, una vez hubiera salido del mismo, intentara desconectar. Esta idea la defienden un ejército de psicólogos, libros, especialistas, empresarios y está permanentemente en la lista del "Must Do" de cualquiera que intente preservar su integridad y la de los suyos.

He intentado aplicar esta idea a mi vida cotidiana; intento no hablar de problemas del trabajo cuando no estoy dentro de él, y debido a que por su culpa me veo obligado a viajar a menudo, intento compensarlo no tomándome algunas libertades que podría - y tal vez debería - tomarme. No es una solución perfecta pero es la mía, qué coño. Lo hago lo mejor que puedo. Intento, en definitiva, que el trabajo invada lo menos posible mi vida personal propia, que es lo más importante que tiene cada uno independientemente de lo que se haga con ella.

Los propietarios de una empresa pequeña, que conocen mejor que nadie el concepto de "microeconomía", a menudo nos vemos en la tesitura de que son tan importantes los empleados como el jefe. En una empresa de 100 personas, si se va uno no es un desastre ni un drama. En una empresa de 5, si se va uno es el 20% de la plantilla. Con lo cual intentas combinar que tu gente esté contenta, aunque dicen por ahí que no existe empleado contento. En mi caso, en un alarde de poco mando que en ocasiones se me achaca, escucho a la gente sus preferencias para hacer vacaciones para yo hacer las mías. Tampoco he negado más que en una ocasión una fiesta a un empleado y no suelo tener el "no" por hábito. No me puedo quejar, tampoco: mi gente ha venido a trabajar incluso con la baja, tuve una embarazada que estuvo conmigo hasta 4 días antes de parir y que venía una vez por semana tras el parto durante los 4 meses de reposo que le tocan, por poner un par de ejemplos. Y nunca en la vida he pagado una hora extra.

El sistema funciona porque el deber del empresario pequeño, siempre según MI forma de entender las cosas, no solamente consiste en dirigir la empresa pensando en lo que es mejor para él. O tal vez sí, si piensa que lo mejor para él consiste en que su gente esté a gusto trabajando para otro. El jefe NO es el rey del mundo. Pensar en tus empleados consiste en conocer su coyuntura propia, que casi siempre incluye también la coyuntura de sus parejas, que obviamente tienen su opinión y deseos al respecto. Yo sé cuando las parejas de toda mi gente hacen vacaciones y como tratan todos de congeniarlas y, siempre que para mí no suponga un drama, haré lo posible para que estén juntos por lo menos durante esa época. Pero que nadie ponga en duda una cosa: para mí esto es importante porque PARA ELLOS es importante. Si a ellos les diera igual, por supuesto que no me tomaría ninguna molestia al respecto.

Yo soy así porque creo que el trabajo es un medio y no un fin en sí mismo. Se trabaja para estar mejor a nivel personal, que necesariamente repercute en tu vida fuera del trabajo. La gente que vive amargada es la que deja que su vida laboral trascienda demasiado hacia su vida personal y, muy importante, eso les importa. Si no les importa, pues no pasa nada.

Está claro que hoy en día es imposible concebir alcanzar ciertas metas sin tener muy claros los sacrificios que vas a realizar, y así cierro con la frase que abrí al principio. Cada uno, desde el lugar en que los desempeña. Y el éxito, al igual que en el Paladín de Diablo 2, viene de un sacrificio de sangre. Que lástima que dicho sacrificio se tenga que realizar no solo con la salud propia, que está claro que es así, sino también con
la salud y con la sangre de los demás. Porque la ayuda se da o se pide, no se impone.

Consultadas otras almas atormentadas al respecto, sabiendo lo mismo que yo sé ahora, celebro sentirme apoyado por lo menos coceptualmente (tal vez puede que no sea injusto, tal vez no sea un cortador de alas, tal vez no sea alguien que no comprenda nada, tal vez no sea el más egoista del mundo mundial).

Y tal vez, con esta manera de pensar tan arcaica, nunca llegaré a conducir los mejores coches. Pero mi forma de pensar se ajusta a la de los jefes que admiro y me gustaría imitar.

Estaré disponible para vosotros en Barcelona - para jugar a tenis, por ejemplo y bastante a mi pesar - hasta el 26 de este mes, o tal vez más. Definitivo.

4 comentarios:

Marta dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Motenai dijo...

Veo que no has entendido nada. No voy a matarme a discutir contra una pared. No estoy loco :-)

Marta dijo...
Este comentario ha sido eliminado por el autor.
Motenai dijo...

Insisto, no estoy loco :-)

Por tu primer comentario ya veo que no has entendido nada, no insistas.

Al margen de que lo que has dicho poco tiene que ver un 1% con lo que hemos hablado por teléfono.