lunes, 2 de abril de 2007

Hoy me gané el pan (que trata sobre dos reflexiones sobre la vida en general)

Esta mañana, de camino al aeropuerto para coger un avión a Madrid, me ha vuelto a la mente una reflexión a la que hace tiempo le doy vueltas, y se ha visto complementada con otra.

Resulta que hablando con mi suegro de todo y nada en particular, de que yo viajaba y tal y de que estaba yo un poco cansado me dijo, y sin ninguna maldad por supuesto, que claro, que "había que ganarse el pan". Es cierto, pensé. Hay que ganarse el pan. Pero esta frase, y el hecho mismo de que la consideremos hoy por hoy como una verdad razonable e ineludible, esconde una terrible crueldad: el pan debe ganarse cada día porque al parecer, cuando amanece por la mañana, ya lo hemos perdido. Y entonces nos espera un duro día de lucha, en nuestros trabajos o en lo que sea que hacemos durante nuestra jornada laboral, en que conseguimos el derecho a "recuperar" ese pan y ganarlo. Porque en esta vida, el pan debe sudarse como si los humanos tuviéramos que ganarnos, con muchísimo más trabajo que el resto de animales del mundo (ningún otro animal trabaja 10 horas para comer, por ejemplo, a excepción de aquellos a los que EL HOMBRE hace trabajar 10 horas para que coman), el derecho a ese pan.

Hemos nacido para que durante la mayor porción de nuestras vidas la empleemos precisamente en eso y la primera cuarta parte de ella en prepararnos a poder ganar más y mejor pan.

Hoy se habla, casi siempre con sentido despectivo, del hombre del paleolítico, aquel pseudo-humano que andaba semi-agazapado, con garrote, vivía en una cueva y atizaba porrazos a la mujer que quería que le haría de recolectora de frutos y cuidaría de la prole mientras él iba de caza. Ese hombre involucionado, desactualizado, primitivo.

Pero en realidad hoy salimos a ganarnos el pan para podernos permitir tener una cueva más grande, andamos no ya semi-agazapados sino agazapados del todo por el peso de mil cargas distintas (trabajo, hipoteca, etc. etc.), y en algunos casos seguimos utilizando ese pan para comprar un garrote que impresione a esas hembras para que vengan con nosotros a cuidar de una prole que no vamos a tener gracias a esos maravillosos muros de goma durísimos que hoy ponemos ante nuestro aparato reproductor y que además nos evitan coger estas enfermedades next-gen.

Tanto no hemos cambiado.

Pero hoy me he ganado el pan, he ido a Madrid y me han firmado el pedido de, atención al dato, una "máquina hendedora, encoladora y plegadora para la confección de cubiertas con solapas, dípticos, trípticos y similares, marca Petratto y modelo Cordoba". Eso sí, nueva y de fabricación italiana. Y con bolsa de ventana incluída, ahí es nada. Me he ganado el pan con eso.

Una hendedora marca Petratto, modelo Cordoba

¿Soy el único al que le parece hasta irrisorio el nivel de sofisticación tan absurdo al que ha llegado nuestra sociedad? Una sociedad en la que, para ganarme ese pan, tengo que vender toneladas y toneladas de ese alambre que se usa para la hacer la grapa de esa couché de cotilleos tipo Pronto, Lecturas, Semana o Qué me dices y que tantas satisfacciones les da a ellas... o tal vez con las que se grapan los cientos de miles de revistas porno que tantas satisfacciones y momentos de exploración y conocimiento íntimos les da a ellos. A mi me parece TAN rebuscado, tanto, que doy la razón a los teóricos que dicen que en realidad esto es Matrix y que sólo puede haberlo creado (y mantenerlo) un programa informático que nos usa de alimento para sus propias máquinas.

Estamos en una sociedad en la que para subsistir debemos llegar a estos extremos, porque pensado fríamente son extremos; una sociedad que solamente ella puede dar cabida a toda una histriónica hornada de personajes: representantes, headhunters, guías espirituales tipo Álex Rovira y alimañas de ese estilo. Los nuevos trileros de hoy en día, que en lugar de bolitas jugamos con otras cosas. Representantes (y por ende alimañas) entre los que me incluyo, porque desde el punto de vista más objetivo, no encuentro una justificación al trabajo que yo hago (y muchos otros como yo) que consiste en vender algo... que no tenemos!

Y hoy, a las 21:00 de la noche, me pregunto cómo sería la sociedad si yo no vendiera la necesidad a mi cliente de que realmente necesita esa máquina hendedora marca Petratto, si Marta no se desgañitara en conseguir el mejor impacto de su nueva imagen de empresa para con sus clientes, si Gemma no se esforzara a que sus clientes pensaran que la sopa y pasta deshidratada que vende es la mejor del mercado o si Vander... si Vander... qué coño hace Vander? Bueno, haga lo que haga tampoco debe hacer mucho, o sea que es un mal ejemplo. En cualquier caso, creo que irá al trabajo a "disimular" que hace algo absurdo que debe hacer y que al final de mes le reportará ese pan.

Y aunque hoy por hoy todavía se alimente del pan de sus padres, porque así es la vida, siempre podrá ir a dormir con conciencia tranquila de que hoy se merecía su plato sobre la mesa. Y si no, no. ¿Verdad?

2 comentarios:

Gemma dijo...

Qué jodida visión de la jornada laboral, que acabe de llegar del curro a las 21:39 y del pan que me he ganado ya sólo queden migas...

Estoy parcialmente de acuerdo. Yo trabajo en Nestlé para poder decir que trabajo en Nestlé.

Marta dijo...

Yo no trabajo en bedigital para poder decir nada, ni he trabajado en ningún sitio por ello. Sólo trabajo por dinero, única y exclusivamente, ni por sentirme realizada ni porque mola ni porque no sabría qué hacer con mi tiempo libre, just money.

La excepción es la moda, ahí sí que dejaría de ser la mercenaria profesional que Sergi afirma que soy y renunciaría a parte de mis condiciones laborales por formar parte de ese mundo que me encanta y del que sé que dificilmente alguna vez formaré parte.

Ale, ahora me voy a comer unos palitos, que llevo trabajando desde las 9 y me los he ganado.