viernes, 28 de septiembre de 2007

El hombre triste (que trata sobre una figura que me encuentro siempre en El Corte Inglés)

Ayer fue un día mucho mejor que anteayer. Aunque la mañana se había torcido siguiendo la línea de la noche anterior, se puede decir que todo acabó MUY bien. Empieza a dibujarse el espacio en la ampli, una vez montado el sofá y con las fundas puestas (kudos otra vez a Mònica ^_^). La satisfacción al extender la alfombra y vislumbrar por primera vez - más o menos - como está quedando el "salón" supera ampliamente el disfrute de asistir a un concierto (gracias por la doble invitación que recibí para ir a Police) o a cualquier otra actividad. La verdad es que irme reencontrando con algo parecido a un lugar habitable me encanta.

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Hoy sin embargo me gustaría hablar de un personaje tan singular como triste me resulta. Tras una rápida visita al Corte Inglés de Cornellà, después de dejar el coche en el aparcamiento del semisótano y dirigirme hacia las escaleras mecánicas observé sentado a un hombre justo enfrente de la "pastelería" y al lado de los quioscos de prensa. Alrededor de 60 años, mal peinado, americana a cuadros, zapatos relucientes pero mirada perdida y faz triste. Probablemente no le hubiera prestado atención si no fuera porque es la tercera vez que lo veo, siempre en la misma posición, siempre con la misma americana, siempre con los mismos zapatos impecables pero igualmente siempre con la misma cara de no tener nada mejor que hacer en la vida.

Mientras de forma automática mis pies me dirigían a la sección de deportes, mi mente no podía evitar darle vueltas a la figura de aquel hombre de mirada triste. No me pareció un mendigo, ni alguien que estaba esperando a una tercera persona. De hecho, me pareció que no esperaba absolutamente nada, simplemente el hecho de que pasaran las tardes una tras otra hasta que, eventualmente, ya no hubieran tardes que pasar.

Da igual el tiempo que yo pase dentro de la tienda, tal vez pueden ser tanto 20 minutos como una hora y media: cuando salgo siempre está allí, con la misma postura y su cara perdida.

Ayer tenía prisa pero me quedé con las ganas de pedirle permiso para sentarme a su lado y, si se tercia, invadir su intimidad preguntándole el por qué de su estancia allí y su tristeza. Tal vez así, de un modo absolutamente egoísta, pueda conseguir no tan sólo escucharle sino alguna pista que pueda ayudarme a evitar el jamás tener una mirada tan triste.

Quizá la próxima vez.

8 comentarios:

GENocideFJS dijo...

Oye pues a lo mejor ese hombre es feliz o medianamente feliz en su tristeza o bajo su tristeza. Otra cosa es que pueda resultar triste contemplarle. ^_^

Motenai dijo...

Caray, no lo había visto desde ese punto de vista. No me lo parece, en cualquier caso....

GENocideFJS dijo...

Bueno, tú sabrás que eres el que has visto a ese hombre.
A mí por ejemplo me ocurre que generalmente todas las personas ancianas o tirando a ancianas, me producen una sensación extraña, similar a la tristeza.
Supongo que si esto lo lee alguien que ronde esa edad pensará que soy un hijo de puta, y que ya llegaré a esas edades.Pero es la sensación que me producen.

Motenai dijo...

Te entiendo perfectamente. Yo pienso que proyectamos nuestra propia vida en esas personas y es eso lo que nos entristece, no ellas en sí (lo cual sí que es ser hijoputa, no sé si me explico).

La putada de la vida es que empieza al revés, coñe. O sea, cuánto más has trabajado y has tenido que sufrir entonces llegan los años en los que estás más limitado físicamente, los años en los que más enfermedades sufres, etc.

Debería ser al contrario: empezar de viejos y morir jóvenes.

GENocideFJS dijo...

Pues es muy posible que tengas razón. la tristeza que nos supone ver a las personas ancianas es tal vez porque no queremos vernos envejecidos, aunque no van a quedar más narices.

mònica dijo...

Yo no comentaré nada sobre la vejez porque me queda MUY lejos (aunque no tanto como a Vander... que es un yogurín ;-) )

Sólo apuntar que ayudarte a construir tu "casa" es un placer, en respuesta a todos los Kudós que me has dedicado en las últimas entradas :-)

Vander dijo...

Mi séptimo (u octavo, no sé) sentido me avisaba de que alguien me había nombrado, y voilá, fué la señorita Mónica la que se ha atrevido a hacerlo.

Bueno, todas las chicas pueden hacerlo, por supuesto xD


Respecto al tema en sí, yo no suelo fijarme en esas cosas, porque siempre voy a lo mío o a lo de los míos, a no ser que resulte algoextremadamente inusual como la chica que vimos el otro día apoyada en un coche limpiándose la sangre de la nariz en el retrovisor.

No dijimos nada, porque se le veía bien, no tenía moratones ni nada, así que pensamos que podía ser un tiro mal tirado. Además, no están las cosas precisamente para andarse preocupando de los demás, que nunca sabes como pueden salir las cosas. Es egoista, sí, pero no sería la primera vez que encima de que intentas ayudar, te la quieren liar.

Anabel dijo...

Creo que debe ser el otoño y sentirse solo...es sólo entonces cuando te fijas en esas personas, que te acongojan y acojonan a la vez...pero no, la gracia de la vida amiguito es que no puedes nacer con la experiencia de la vida..si no ...vaya aburrimiento!