viernes, 2 de noviembre de 2007

Llegadas (que trata sobre las emociones que se viven en un aeropuerto)

Hay algunas cosas que aprendí con la película "Love Actually". Primero, que una película que no necesariamente acabe bien (o por lo menos que acabe bien al 100%) puede gustarme; segundo, que una comedia dramática (o un drama cómico) se puede convertir en una de mis películas favoritas.

En un punto de la trama, casi al principio, uno de los protagonistas argumenta lo reconfortante que le parece la terminal de llegadas del aeropuerto de Heathrow. Dice que siempre va allí cuando necesita que le suban la moral porque es una sucesión constante de abrazos, besos, cálidas bienvenidas y emocionantes reencuentros.

Lo cierto es que desde que vi por primera vez la peli no puedo dejar de fijarme en esta circunstancia. Si llego con tiempo al aeropuerto y salgo desde la terminal B en Barcelona, suelo pasar unos minutos en la parte izquierda donde están las llegadas y me quedo mirando lo que sucede. En ocasiones hay gentes con pancartas, que esperan al hijo que se fue a estudiar al extranjero; hay aquellos que reciben la visita de ese amor a distancia que hace tiempo que no ven; maridos y mujeres que esperan a su pareja después de una semana separados, con los niños jugueteando por el mármol y gritando "papá!" y "mamá!" al verlos aparecer por la puerta. Hay recibimientos de negocios, más fríos, que se establecen con un encaje de manos; hay pancartas que reciben a humanos anónimos, que señalan el cartel antes de señalarse a ellos mismos; hay familias que se reajuntan después de meses sin verse...

En cualquier caso, es siempre reconfortante y esa es la verdad. Anteayer, al llegar de Madrid, hice lo que hago normalmente: escudriñar la multitud en búsqueda de una cara familiar. Muy pocas veces son las que me ha sucedido encontrarla, pero nunca dejo de buscarla; al tiempo, la gente que se agolpa frente a la barandilla también me observa, deseando probablemente de que yo fuera otra persona y no ese personaje trajeado anónimo que se desliza hacia la salida. Veo en ellos los ojos de deseo, los ojos de abrazar, los ojos de besar, la impaciencia y las ganas de que salga ya esa maleta maldita porque hace 20 minutos que el vuelo está marcado como "en tierra" en los paneles.

Y no puedo evitar sonreir.

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Volví a perder el coche en el párquing, aunque tuve suerte porque lo dejé relativamente cerca de uno vestido con lazos que anunciaba que una pareja se acababa de casar y había marchado de viaje. El tíquet me caducó, pero en la salida había un personaje que se portó bien.

Este fin de semana tengo partido; está difícil, porque me va a tocar a su mejor jugador y aún no he recuperado la forma. Ayer jugué un par de horitas y dentro de un rato volveré a la pista, después de 3 días de inactividad en Madrid.

8 comentarios:

mònica dijo...

"deseando probablemente DE que yo fuera otra persona"? XDDDDD

Motenai dijo...

Primer comentario que haces en semanas y es para esto? xD Para que veas que soy honesto, no voy a corregir una cosa que está escrita en madrileño xD

Anabel dijo...

OOOOHHHH se te olvida añadir, que gracias a todas esas personas, el pasillo de salida lo han hecho más largo, que no hay manera de salir de allí con las maletas sin pisar a nadie, que esos niños y sus mascotas que "corretean alegremente" se cruzan sin mirarte...cuando sólo deseas salir de allí corriendo y llegar a casa tras una semana de locura ;-)todos esos son lo que te encuentras en IKEA...

Anónimo dijo...

Pues imaginaos si trabajarais en el aeropuerto como yo, yo no tengo un trabajo de cara al público y sin embargo cuando por las terminales ven a alguien con corbata azul y una targeta del aeropuerto colgada del cuello siempre hay alguien que te para y te pregunta por algun vuelo o alguna puerta de embarque, y lo peor es que cuando algun pasajero ve que otro te pregunta el tambien aprovecha y pregunta.
No es que me importe que me pregunten pero a veces tienes prisa y no llegas a hora.
Pero hay que asumirlo.

Sldos. Jordi.

El Juególogo! dijo...

Desde hace algunos años yo hago exactamente lo mismo. Cosas de la vida, solo tres o cuatro veces me han ido a esperar al aeropuerto.

Supongo que sera de esas situaciones topicas que todos queremos vivir. Ahora me queda la de citarme con alguien que conozca durante un crucero en el mirador del Empire State...

Motenai dijo...

Míralo por el lado positivo, tú lo tienes más fácil que yo xD

Cris dijo...

Pues a mi me encanta ir a buscar a alguien al aeropuerto y observar lo mismo que decís. Los aeropuertos tienen esa magia de traer a gente que hace unas horas estaban muuuuy lejos de tí, y eso, en cierta manera es un milagro!

La verdad es que cuando espero a León y finalmente aparece por el pasillo de la terminal B, mi corazón va a 2000 por hora. Luego sé que somos el centro de varias miradas, nuestros reencuentros son siempre apasionados :)

Motenai dijo...

Exactamente ESE es el espíritu.